Si eres familiar o alguien cercano

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En general, los familiares y amigos de los padres y madres con hijos o hijas prematuros/as desean ayudar, pero muchos no saben qué se supone que tienen que hacer o si lo saben desconocen cómo hacerlo, por temor o por miedo a cometer un error. No saben qué decir, cómo mostrarse, cómo comportarse. Involuntariamente, puede dar la impresión de que evitan involucrarse o comprometerse con la situación que provoca el nacimiento prematuro de un niño. Todos sabemos que las buenas intenciones no bastan y que un buen familiar o amigo es aquel que se sabe qué está ahí para lo que se pueda necesitar , pero ¿cómo se consigue hacerlo bien?

En este apartado te damos algunas pautas que pueden facilitar esta difícil tarea:

  • ¿Qué debes saber para enfrentarte adecuadamente al nacimiento del hijo o hija prematuro/a de un familiar o amigo cercano?
  • Los abuelos ante el nacimiento de un nieto o una nieta prematuro/a
  • ¿Qué puedes hacer como familiar o amigo cercano de padres de niños prematuros para ayudar adecuadamente?
  • Testimonios de padres de APREM

Si eres familiar o alguien cercano

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“Recuerdo que nadie se atrevía a darme la enhorabuena y mucho menos a regalarme algo, sólo una amiga me trajo un regalo para mi hija (un body de Winnie y un cambiador) y unos bombones para mí. Era curioso que la gente siempre conocía algún caso parecido, pero en realidad, te dabas cuenta del desconocimiento que tenían sobre el tema, al igual que yo hasta aquel momento.”

“Me sorprendía que mis amigos no vieran tan claramente como lo veía yo que la situación de mis hijos era desesperada y eso sin pensar en las posibles consecuencias futuras ¿Por qué pensaban que diciéndome que no pasaba nada, que simplemente era cuestión de tiempo, me iba a sentir reconfortada? Al contrario, cuando intentaba explicarles lo que suponía tener un hijo prematuro y recibía ese tipo de comentarios me sentía como hablando a las paredes.”

“Realmente el mejor apoyo durante el tiempo de hospitalización de mis hijos fueron los otros padres con hijos ingresados en parecidas circunstancias. No había que decir nada, nos entendíamos con la mirada.”

“La mayoría de mis amigos pensaron que lo mejor era no hablar de mis hijos ni felicitarme por su nacimiento; ante el temor de que los niños murieran, se defendieron y creyeron defenderme no reconociéndolos. En cambio, algunas amigas recorrieron la ciudad buscando calcetines y gorros de muñecas para la estancia en la incubadora de mis hijos -entonces no había ropa de prematuros-; otras, decidieron animarme a mí y me trajeron al hospital camisones sexis, maquillaje y champagne; todo esto no lo he olvidado nunca.”

“Era tremendo cuando sólo preguntaban si estaba engordando el niño y decían ‘pues si está engordando ¿por qué te preocupas tanto entonces?'”

También era duro ver como aquellos que se ofrecían continuamente a ayudar nunca podían hacerlo cuando se lo pedías y como otros se ofendían (y te lo demostraban) porque no les pedías ayuda.”

“Fue difícil aceptar que a la que le daba la depresión era a mi madre en lugar de a mí.”

Qué insoportable escuchar frases como ‘la verdad es que me encantan los niños que nacen tan pequeños, son tan monos,…es una pena que crezcan tan rápido’ cuando el tuyo de menos de un kilo esta luchando por sobrevivir en la UCI.”

“Sólo un compañero de la oficina me mandó flores; tengo sus azaleas blancas clavadas con cariño en mi memoria, nadie más ni familiares ni amigos lo hizo.”

“Mis mejores amigas vinieron desde las tres puntas de España un fin de semana solo para darme un abrazo.”

“Una madre del colegio de mi hijo me lo recogía muchas tardes y me lo traía a casa a la hora de dormir, con los deberes hechos, cenado y en pijama (el de sus hijos); yo nunca le pedí nada pero fue una gran ayuda.”

“Mi amiga, madre también de prematuros, siempre estuvo ahí disponible y desdramatizando todo lo que yo le contaba; nunca se me olvidará su carcajada cuando le conté con una angustia terrible que mi hijo había sufrido una hemorragia cerebral y me dijo que eso le pasaba a un montón de prematuros”

“Me encantó un cuadro que hicieron en la Escuela Infantil de mi otro hijo de un año, con un montón de fotos suyas diciéndome que me quería mucho y que entendía que no estuviera con él porque el pequeño bebé me necesitaba.”

“También recuerdo especialmente que una amiga que venía todos los días a recogerme a casa con su hijo de tres años para subirme al hospital (se tardaba 3 minutos en coche) y que yo no fuera andando y tuviera más tiempo para descansar.”

“Por supuesto la familia dio la talla multiplicado por mil y estuve permanentemente atendida y mis hermanas turnándose para llevarse a mi otro hijo el tiempo que estuve hospitalizada y dejándole todos los días en el cole, que estaba muy lejos de su casa, para que no notara mucho los cambios.”

“Tengo recuerdos fatales de comentarios de gente que vino a ver a mi hijo y me dijo que era angustioso y no lo podía soportar, que no entendían cómo podía pasar allí todo el día.”

“Estuve yendo al psicólogo en el hospital y también hubo personas que me dijeron que no había que dramatizar, que el niño estaba bien cuidado y que para qué sufría.”

“Recuerdo que nadie se atrevía a darme la enhorabuena y mucho menos a regalarme algo, sólo una amiga me trajo un regalo para mi hija (un body de Winnie y un cambiador) y unos bombones para mí. Era curioso que la gente siempre conocía algún caso parecido, pero en realidad, te dabas cuenta del desconocimiento que tenían sobre el tema, al igual que yo hasta aquel momento.”

“Lo mejor fue el apoyo incondicional de mi madre y de mi hermano y la gran ayuda que suponía el estar en contacto con el resto de mamás y papás que estaban pasando por lo mismo, era tan fácil entendernos entre nosotros y apoyarnos en los momentos difíciles. Guardo grandes amistades de esos meses en el hospital.”

  • No nos olvidamos de que hoy se celebra el Día Mundial del #SíndromeDown. Hoy cambiamos la mirada también! https://t.co/RMcf62Hcrz