Lactancia Materna

lactancia-materna-apremLo primero que debéis saber es que es posible alimentar a vuestro hijo prematuro con leche materna; es más, es posible que tú, madre, puedas amamantarle y, lo más importante, debes intentarlo por el bien de tu hijo, por sus beneficios nutricionales y porque constituye un fabuloso medio para desarrollar el vínculo materno-filial.

La leche materna es el alimento perfecto para los bebés, ya que les brinda todos los elementos nutritivos que necesitan durante los seis primeros meses. Es el mejor alimento para un recién nacido, independientemente de su edad gestacional.

Por este motivo las enfermeras del área de neonatología piden a las madres que se extraigan la leche para ofrecérsela a sus bebés en cuanto sea posible.

Es más fácil extraerse la leche que amamantar a un bebé prematuro, pero si estás decidida y cuentas con el apoyo e involucración de tu pareja y de tu familia puedes conseguirlo. Si necesitas apoyo, pídelo, al personal de enfermería del hospital donde está tu hijo ingresado, a tu matrona, a otras madres, a los grupos de apoyo a la lactancia o a nosotros.

En este apartado hemos reunido información que puede ser de utilidad a la hora de tomar la decisión de amamantar o, por lo menos, de intentarlo, pero también ofrecemos alternativas cuando la lactancia materna no es posible:

  • Introducción
  • Por qué alimentar con leche materna
  • Cómo hacerlo
  • Peculiaridades y retos de amamantar a un bebé prematuro
  • Si la lactancia materna no es posible
  • Bancos de leche
  • Diez Pasos Hacia Una Feliz Lactancia Natural
  • Fuentes
  • APREM declara

Lactancia Materna

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Relato de caso real

Mis mellizos prematuros, Fernando y Manuel, nacieron con una edad gestacional de 27 semanas. Al cabo de varias semanas ‘viviendo en neonatología’ y nosotros, sus padres, con ellos, cuidándoles como mejor podíamos o se nos ocurría, sucedió que Fernando, en pleno cangureo, empezó a girar la cabeza y a hacer movimientos extraños con los labios, como buscando algo ‘a su manera’. Al cabo de un tiempo que pareció infinito (yo no sabía de qué iba eso y a él le debió costar media vida y casi todas sus calorías) encontró lo que buscaba: uno de mis pechos. Me quedé impactada y cuando conseguí recuperarme, me sentí feliz: era la primera vez que veía en uno de mis hijos una reacción como la de los bebés a término. Eso sí a Fernando le costó tanto esfuerzo llegar a agarrarse que ahí se acabó todo, después no logró más. Acto seguido, como buena madre, pensando que Manuel podía sentir la misma llamada de la naturaleza, solté a Fernando y empecé a cangurear con Manuel. Quedó claro en unos minutos que serían mellizos, pero también independientes y con personalidad y necesidades propias, esto es, Manuel no mostró ni el más mínimo interés.

Más tarde han sucedido muchas otras cosas, pero yo sigo recordando este momento tan nítidamente porque me hizo comprender que aunque mis hijos habían nacido mucho más pequeños, mucho más débiles y no tenían aspecto de bebé, eran bebés, bebés ¡Vaya que sí!

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