| Factores implicados en los embarazos con riesgo de parto prematuro |
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Como padres de niños prematuros creemos firmemente que debes invertir en cuidar tu embarazo. Los partos prematuros son la primera causa de morbimortalidad perinatal en los países desarrollados; entre el 60% y el 70% de la mortalidad perinatal total se relaciona con este tipo de parto y es la primera causa de muerte infantil tras el primer mes de vida. Cuanto menor es la edad gestacional en el momento del nacimiento, mayor es el riesgo de que se produzca una situación de este tipo y de que el bebé pueda sufrir problemas que den origen a una discapacidad (el mayor factor de riesgo para desarrollar una discapacidad es la prematuridad) o sufra problemas relacionados con la salud a largo plazo. Sin embargo, en un porcentaje que varía entre el 20% y el 50% se desconocen las causas del parto prematuro. Muchas veces la prematuridad no avisa. De repente, un embarazo que cursa con normalidad, se interrumpe. En estos casos, poco podemos aconsejar, salvo seguir estrictamente las recomendaciones de los especialistas que tratan a ambos protagonistas, la madre y el hijo y confiar en que todo se resuelva de la mejor forma posible. Sin embargo, a veces las madres sí recibimos avisos durante el curso del embarazo, o hemos sufrido problemas en embarazos anteriores o tenemos una condición médica previa que requiere cuidados especiales. En estos casos, estar informados como padres responsables sobre las causas, colectivos de riesgo, condiciones de riesgo y posibilidades y recomendaciones de prevención puede evitar los partos prematuros. Cada día ganado al tiempo aumenta las posibilidades de que, al final, todo salga bien. Por este motivo pensamos que este apartado, con los contenidos que figuran a continuación, puede ser de utilidad a las futuras madres y sus parejas:
DESCARGAR ARCHIVO: Factores implicados en los embarazos con riesgo de parto prematuro.pdf 68.48 Kb En el momento que nos comunicaron “que vienen dos” yo salte de alegría y mi marido puso cara de no dar crédito, pero no fuimos conscientes del riesgo del “proyecto mellizas”. Me dispuse a seguir “a rajatabla” las indicaciones de los médicos y superé con éxito, a pesar de mis 39 años, todas las pruebas médicas, incluso las más arriesgadas ¡El 23 de diciembre, cuando ya casi celebrábamos la Nochebuena y nos disponíamos a emprender el viaje para reunirnos con el resto de la familia, sentí la necesidad de ver de nuevo como estaban mis dos pequeñas, que pataleaban en mi interior. Ya en la consulta, en la mirada profunda del médico noté que algo no iba bien, su voz era tensa y percibí que me iba a enfrentar a algo “terrible”; efectivamente, la más pequeña de las dos “princesas” no llegaba a meta en esa compleja “carrera” hasta el nacer. En el polo opuesto oía ahora con más intensidad que nunca latir el corazón de la más fuerte. Me propuse conseguir que ese corazón, el tuyo, no se agotara. Tras unos momentos de duda los expertos decidieron que era mejor que te quedaras dentro y que peleáramos juntas; era la semana 26, y pelear en solitario fuera, en aquellas condiciones, no parecía viable. La escena había cambiado drásticamente, automáticamente, y casi sin darme cuenta, como un mecanismo innato de defensa, borré de mi mente todas las imágenes que me generaban miedo y angustia; no había tiempo para lágrimas y sollozos e instintivamente concentré todas mis energías en un proyecto algo diferente al previsto. Juntas conseguimos que no nacieras en aquel momento; sueros medicinas, U.V.I. …y un gran equipo médico nos ayudaron. Juntas conseguimos que aguantaras seis semanas más en mi interior, juntas conseguimos contra todo pronóstico médico que nuestros cuerpos resistieran la sombra de la otra pequeña, que seguía aún dentro, que nos invadía constantemente. Inmóvil en una cama, oía tu corazón todos los días; recuerdo aquel sonido como el galope de caballos desbocados corriendo a más de 100 pulsaciones por minuto y en aquellos momentos hablaba contigo y te pedía con todas mis fuerzas que te quedaras conmigo. En una de las miles de ecografías que nos hicieron me dijeron que aquella “burbuja” donde crecías muy lentamente ya no aguantaba más y que debías salir; pensé que aquel momento no iba a llegar nunca, pero llegó. Por fin te vi, te toqué, te abracé … eras diminuta pero preciosa y sobre todo eras “mi hija” y estabas con nosotros. La primera impresión fue impactante, vigilada por varios monitores, cableada, … nunca imaginé que ibas a ser tan pequeña e indefensa, siempre te había imaginado como a los demás bebés. Y aunque sufría porque comenzaba una nueva etapa en la que ya no te podía ayudar de la misma manera y debías pelear tu solita, sentía que lo conseguido era un enorme triunfo. En los primeros años me enfrenté a un montón de incertidumbres que fueron difíciles de manejar, pero ahora que cumples 6 años, cuando me atropellas al correr, te oigo hablar, y te veo reír siento un orgullo especial y una energía desbordante que me impulsa a mejorar cada día en esa difícil labor de ser madre. |
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